Soñás
con viajar
por el mundo?

Hola! Soy Mery Sotomayor
Nací en la Patagonia Argentina, la tierra del Viento, hace más de cuarenta años.
No puedo precisar cuándo comenzó mi fascinación por los viajes. Solo sé que siempre me interesó saber cómo vivía la gente al otro lado del mundo, cómo serían sus casas, cómo sería vivir con sol y calor todo el año, cómo serían los juguetes de los chicos en China o en Japón. Quizás por haber nacido en una ciudad muy pequeña, tan lejos de todo, el mundo me parecía enorme e inalcanzable, lo que lo hacía aún más deseable.
En 2001, un poco por casualidad, comencé a trabajar en una Agencia de Viajes.
Así fue como conocí la trastienda de los viajes: el armado de las rutas e itinerarios, las mil variantes que ofrece cada destino, reservar vuelos y hoteles con un sistema de reservas mundial y muchísimo más.
Más tarde fui sumando mi experiencia personal de viaje de manera lowcost. Viajar con poco presupuesto te dispara la creatividad. Es así como empecé a elegir alojamientos alternativos a los hoteles caros, a usar el transporte público para ir del aeropuerto a la ciudad, a seleccionar qué tours me aportarían algo más que los convencionales, a descubrir rutas no tradicionales, en definitiva a hacer mi propio viaje.
Empezar a viajar sola a los 40
Ya había viajado con mi familia, amigas, conocidos, desconocidos; pero nunca había viajado sola. Era demasiado tarde?
Claro que no!
En 2016 pasé del miedo a la acción y compré un pasaje a Nueva York para irme sola. Mi destino largamente soñado solo para mí, a mi ritmo, siguiendo mi propia ruta y mis propios gustos.
Y así di por inaugurada mi etapa viajando sola.
Tuve miedo?
Claro que sí.
A aburrirme, a no tener con quién hablar, a no amoldarme a otras costumbres, a no entender el idioma, a perderme, a que me pasara algo estando lejos, a que me roben, a que me estafen.
La lista era larguísima. Pero entendí que había cosas que iba a poder manejar y otras que no.
Qué gané viajando sola
Después de mi primer viaje en solitario a Nueva York no quería volver a viajar con nadie más.
Viajar sola me sirvió para conocerme a mí misma, a pasar más tiempo conmigo, a respetar mis propios tiempos y humores. Descubrí qué disfruto más y qué disfruto menos en un viaje. Confirmé la felicidad que me produce pasar un día entero en un museo, comer en la calle, hojear libros por horas en alguna librería, caminar sin parar y sin descanso. Me permití levantarme a cualquier hora aunque me diera culpa, a pasar unas cuantas horas en las librerías de Japón viendo cuadernos y sintiéndome de 10 años otra vez. Me enamoré de los viajes en tren y ahora son mi medio de transporte preferido. Lloré acompañada por decenas de extraños en el Memorial de Hiroshima. Viajé a Corea del Sur sin saber qué esperar y fue lo mejor que me pasó, porque a veces un destino impensado te sorprende inmensamente. Me volví más comunicativa con la gente aunque no habláramos el mismo idioma. Me gustó sentir la curiosidad que les despertaba mi pelo enrulado a las señoras coreanas.
Sentir la buena predisposición que todos tienen para ayudarte cuando te ven perdida tira abajo todos los prejuicios que tenemos antes de salir al mundo. En todos lados hay empatía, lo desconocido no es sinónimo de peligroso.
De nada me arrepiento, solo de no haber tenido la suficiente confianza en mi misma cuando tenía veinte años.
Pero, como ya dije, nunca es tarde.
Empezá ahora mismo a planear un viaje para vos sola.
Creé este blog para inspirar a más mujeres a que se atrevan a viajar solas.
Acá encontrarás consejos basados en mi propia experiencia y muchísima información para que puedas armar tu propio viaje.
No te animás a viajar sola?
Derribá mitos y prejuicios y atrevete a viajar por el mundo...
Te regalo esta guía con muchos consejos para que te saques de encima miedos propios y ajenos




